.jpg)
Nací
en Cali, Valle el 13 de marzo de 1995. Desde pequeña fui apresurada. Comencé a
caminar antes de lo debido y bailé antes de hablar. Además de esto, uno de mis
primeros conocimientos adquiridos, fue el dar besos. Mamá dice que en cuanto lo
aprendí, a todos daba besos y si no podía dárselos se los tiraba con tal amor y
dulzura que resultaba imposible no derretirse ante ellos.
Alegre,
risueña, extrovertida, soñadora y sentimental, eran lo más común en mi
personalidad, en la que sin duda alguna influenció mi familia y la cultura de
mi ciudad. Un abuelo músico que hacía parte del Coro del Conservatorio de Cartago
y que grabó con su grupo de música colombiana varios casetes, y una tía
Licenciada en Música, de la Universidad del Valle, son las raíces que poco a
poco me han llenado el corazón de amor por la música. Desde que comencé a
cantar en el coro Escolanía, supe que era lo mío pues en cuanto entonábamos una
de esas canciones que tanto me sabían gustar, era gracioso ver como rápidamente
los poros de mi piel decidían cantar también.
Dedicar
4 años de mi vida a estudiar música en la Universidad del Valle, fue el tiempo
mejor aprovechado de mis cortos 17 años. Sin embargo, descubrí lo que en
realidad era AMOR, cuando decidí cambiar de Guitarra a Percusión, solamente por
la sensación que me causaba escuchar un redoblante sonar. A pesar que sólo pude
invertir un año en mi verdadera pasión, descubrí lo que realmente me encantaba,
eso que en realidad me envolvía y me subía en una nube, eso que me hacía subir
y bailar como tanto me gusta.
Decidí
estudiar comunicación social, porque siempre he sentido que es mi carrera y
jamás me he sentido ajena a ella. Cada clase me hace sentir más completa. Ahora
bien, el vacío de mi música sigue ahí y la conciencia no me permite ignorar que
me he fallado a mí misma. He llegado a sentirme tan derrotada por no hacer nada
para hacer realidad mi sueño, que lágrimas han brotado de mis ojos al saber que
el temor a fracasar es lo único que me detiene para intentar hacerlo realidad.