Una
juventud perezosa. No queremos hacer el más mínimo esfuerzo por conocer y mucho
menos por generar nuevo conocimiento. Nos gusta todo fácil y rápido, y es aquí
cuando caemos en las abreviaciones de la cotidianidad, que terminan por
arrastrarnos a la muerte de las palabras. Es por eso que necesitamos una
reprimenda que nos despierte de la gran utopía en la que vivimos. Un mundo
alterno de estados sociales, publicaciones, “likes” (“Me gusta”) y comentarios,
en los que pareciera no importar la ortografía de las palabras, y mucho menos
la redacción de una frase.
Escribir
mal no es pecado, sino el hecho de disfrutar del vivir en la ignorancia. No
saber escribir y mucho menos leer, nos empuja a un vacío de conocimiento y por
consiguiente quedamos estancados en una realidad sin progreso, que según el
historiador moderno Gibbon, nos hace ser un “una horda de salvajes, incapaz de
conocimiento y reflexión” en donde nos limitamos a un “saber
vivir” determinado por quienes creen tener el saber absoluto. De haber sido así,
en épocas pasadas la historia sería diferente y nos habríamos quedado sin un
progreso de pensamiento. Al contrario, se comenzó a generar conocimiento y a
innovar con las ideas, por esto avanzamos como sociedad.
Adquirir
conocimiento nos traza metas y nos brinda una visión a futuro que conduce al
progreso. A pesar que en el texto “Desmitologización de la cultura escrita” se
considere que ésta, no determina el desarrollo de un país, en mi opinión, el
hecho de emprender un camino del saber, hace que la perspectiva del mundo
cambie y que como futuro del país, saquemos
la Nación adelante con nuestros ideales. En la película “Descubriendo a
Forrester”, podemos ver fácilmente que independientemente de un estatus social,
si se está consciente de los aportes que ofrece la escritura tanto a nivel
intelectual, como a nivel profesional; podemos llegar a un desarrollo en
concreto que nos conducirá a un futuro mejor.
Aunque
como jóvenes no estamos conscientes de lo anterior, creo que aún estamos a
tiempo de cambiar y recurrir a la lectura como método de aprendizaje, y a la
escritura como depósito de la información que generemos. Si bien, nos forjan un
criterio independiente en el que somos analíticos ante las realidades que
afectan al país, recurro a Fernando Vásquez en “Un mosaico de reflexiones y
estrategias alrededor de a escritura” diciendo que: “(…) el acto de escribir es
también un acto de disociación de nuestro yo.” Queriendo decir que, no
solamente el ejercicio de escribir nos lleva al progreso intelectual, sino
también, a objetivar nuestro criterio.
Ahora
bien, retomando la cuestión de la abreviación DE QUE, digo pues, que siendo
adolescentes carecemos de muchos cualidades que se supone debimos haber
desarrollado con anterioridad. Por ello, retomo a Sergio Sinay en su escrito
“Elogio de la escritura que no muere”, diciendo textualmente que: “Quien lee se habilita para escribir”,
pues es así como se desarrolla la capacidad para expresar bien nuestro
pensamiento, hilar y argumentar nuestras ideas. Por consiguiente, cabe resaltar
que hay un vacío en la motivación de la escritura en la academia.
No
obstante, la “culpa” no es únicamente
de las instituciones académicas, pues en cada quien debe nacer la iniciativa de
la lectura como conocimiento. Si nos quedamos esperando a que nos obliguen a
leer un libro en el colegio, o que nos pongan un trabajo sobre alguna temática
determinada, para investigar, el futuro de nuestro país está en riesgo. Porque
creámoslo o no, la cultura escrita nos brinda mucho más que letras y palabras,
y el legado que nos heredan, es más amplio de lo que pensamos, sólo necesitamos
que nos despierten de esa realidad alterna en la que vivimos, para empujar a
nuestro país a un nuevo ciclo de progreso. ¿Qué estamos esperando? Cada día se
dan más oportunidades, pero solo nosotros mismos podemos decidir sumergirnos en
el conocimiento.
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