miércoles, 31 de julio de 2013

Ignorando el conocimiento detrás de la escritura.


Una juventud perezosa. No queremos hacer el más mínimo esfuerzo por conocer y mucho menos por generar nuevo conocimiento. Nos gusta todo fácil y rápido, y es aquí cuando caemos en las abreviaciones de la cotidianidad, que terminan por arrastrarnos a la muerte de las palabras. Es por eso que necesitamos una reprimenda que nos despierte de la gran utopía en la que vivimos. Un mundo alterno de estados sociales, publicaciones, “likes” (“Me gusta”) y comentarios, en los que pareciera no importar la ortografía de las palabras, y mucho menos la redacción de una frase.
Escribir mal no es pecado, sino el hecho de disfrutar del vivir en la ignorancia. No saber escribir y mucho menos leer, nos empuja a un vacío de conocimiento y por consiguiente quedamos estancados en una realidad sin progreso, que según el historiador moderno Gibbon, nos hace ser un “una horda de salvajes, incapaz de conocimiento y reflexión” en donde nos limitamos a un “saber vivir” determinado por quienes creen tener el saber absoluto. De haber sido así, en épocas pasadas la historia sería diferente y nos habríamos quedado sin un progreso de pensamiento. Al contrario, se comenzó a generar conocimiento y a innovar con las ideas, por esto avanzamos como sociedad.
Adquirir conocimiento nos traza metas y nos brinda una visión a futuro que conduce al progreso. A pesar que en el texto “Desmitologización de la cultura escrita” se considere que ésta, no determina el desarrollo de un país, en mi opinión, el hecho de emprender un camino del saber, hace que la perspectiva del mundo cambie y que como futuro del país, saquemos  la Nación adelante con nuestros ideales. En la película “Descubriendo a Forrester”, podemos ver fácilmente que independientemente de un estatus social, si se está consciente de los aportes que ofrece la escritura tanto a nivel intelectual, como a nivel profesional; podemos llegar a un desarrollo en concreto que nos conducirá a un futuro mejor.
Aunque como jóvenes no estamos conscientes de lo anterior, creo que aún estamos a tiempo de cambiar y recurrir a la lectura como método de aprendizaje, y a la escritura como depósito de la información que generemos. Si bien, nos forjan un criterio independiente en el que somos analíticos ante las realidades que afectan al país, recurro a Fernando Vásquez en “Un mosaico de reflexiones y estrategias alrededor de a escritura” diciendo que: “(…) el acto de escribir es también un acto de disociación de nuestro yo.” Queriendo decir que, no solamente el ejercicio de escribir nos lleva al progreso intelectual, sino también, a objetivar nuestro criterio.
Ahora bien, retomando la cuestión de la abreviación DE QUE, digo pues, que siendo adolescentes carecemos de muchos cualidades que se supone debimos haber desarrollado con anterioridad. Por ello, retomo a Sergio Sinay en su escrito “Elogio de la escritura que no muere”, diciendo textualmente que: “Quien lee se habilita para escribir”, pues es así como se desarrolla la capacidad para expresar bien nuestro pensamiento, hilar y argumentar nuestras ideas. Por consiguiente, cabe resaltar que hay un vacío en la motivación de la escritura en la academia.

No obstante, la “culpa” no es únicamente de las instituciones académicas, pues en cada quien debe nacer la iniciativa de la lectura como conocimiento. Si nos quedamos esperando a que nos obliguen a leer un libro en el colegio, o que nos pongan un trabajo sobre alguna temática determinada, para investigar, el futuro de nuestro país está en riesgo. Porque creámoslo o no, la cultura escrita nos brinda mucho más que letras y palabras, y el legado que nos heredan, es más amplio de lo que pensamos, sólo necesitamos que nos despierten de esa realidad alterna en la que vivimos, para empujar a nuestro país a un nuevo ciclo de progreso. ¿Qué estamos esperando? Cada día se dan más oportunidades, pero solo nosotros mismos podemos decidir sumergirnos en el conocimiento. 

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